DEL OTRO LADO DEL JARDÍN.
La
historia del libro cuanta como una anciana de ochenta y dos años llega a un
acuerdo con su hijo, que la ayudara a morir ya que para ella la vida se le
había convertido en una prisión de férreos barrotes, en la que día a día en
hora a hora se extrañaba y oscurecía más, el tiempo le iba arrebatando todo, le
temía a la postración de una enfermedad que le impidiera valerse por sí solo,
por esta razón habían acordado que él no la dejaría llegar a un estado así,
porque se le hacía un nudo en la garganta al pensar en la perdida de uno de sus
dos hijos, la penuria económica, la desolación de los acilos, la blanca gelidez
de los hospitales y morir en las manos de los médicos, a pesar de todo no era
una mujer amarga, poseía un gran instinto social, podría ser divertida, cordial
y reír de buena gana, en su juventud era bonita activa y jovial.
Todas
las mañanas el debía ausentarse para ir al colegio donde dictaba clases de
literatura desde allí la llamaba un par de veces ella permanecía hasta las
nueve de la mañana oyendo la radio y rezando el rosario, pasada la una de la
tarde él volvía a casa almorzaban a veces con Ivan su hermano quien llegaba de
visita, a veces le pedía que la llevara a la iglesia la candelaria, una de sus
alegrías más profundas era darles unas cuantas monedas a los indigentes.
El
libro nos cuenta, que Carlos le dejo una carta a su hermano Iván que decía lo siguiente “querido Iván, tiene
que ser fuerte aquí no hay nada trágico ni dramático así que nada de lágrimas,
gritos o lamentos. Ha sido una muerte libre y soberanamente elegida. La madre
vio cumplido su deseo de morir sin darse cuenta durante el sueño, y conmigo a
su lado. Ha sido una muerte dulce en fin, la causa de nuestro fallecimiento fue
una sobredosis de somníferos y morfina. El mi caso también, tome vodka. La
bolsa plástica es solo un aditamento para estar seguro en un cien por ciento de
no fallar. Hermano no se sienta culpable ojala y encuentre quien le tienda la
mano. Bueno, abrazos y besos de mama y míos también” una vez concluida puso la carta que marco con
el nombre de su hermano y la situó bien visible, sobre el nochero y salió a la
calle desierta a dar el último adiós a tantas cosas queridas.
La
tarde del lunes 22 de octubre. El cortejo fúnebre con el cuerpo de la señora
Luzmila álzate iba rumbo al cementerio de san pedro de Medellín, a pocos metros
del hospital san Vicente de Paul donde se encontraba su hijo adorado, dormía
profundamente un sueño inducido por el
coctel del somníferos y morfina con el cual había previsto a acompañarla en su
tránsito a la muerte.
Su primer recuerdo data del martes 23 en la
tarde sentado alado en la camilla un hombre se presenta como abogado de
oficio y le recomienda no allanarse al
cargo que la fiscalía le había imputado: homicidio agravado a su madre.
El
nunca Imaginaba que le esperaba nueve
días de tinieblas y cinco meses de prisión

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